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jueves, 4 de diciembre de 2014

Daniel Crespo. El demonio que se convirtió en un ángel del custom.


Un buen día, hace un número razonable de años, un chico de León decide comprar una Harley-Davidson sin que medie ninguna otra razón que la simple estética. Un gran amigo tenía una, a él le gustaba el sonido, quizá la línea, y también deseaba tener la suya. Por aquel entonces León no tenía un concesionario oficial de la marca de Milwaukee pero existía uno multimarca que las traía con cuentagotas. El chico fue a verlo y le encargó una, la próxima que llegase, la que fuese, le daba igual. Tuvo que esperar dos meses hasta recibirla y cuando llegó, en lugar de hacer lo que cualquiera de nosotros hubiésemos hecho, que no es otra cosa que subirnos encima, ponerla en marcha rápidamente y acelerar hacia cualquier sitio, él se puso a desmontarla y a cortar lo que a su juicio sobraba, al igual que hacía con los juguetes que le regalaban de pequeño. No era la primera vez que transformaba un moto pero quizá fuese entonces cuando comenzaron a cimentarse las bases para que aquel chico, inquieto y curioso, se convirtiese por derecho propio, y aún sin buscarlo, en punto de referencia de los profesionales y aficionados amantes de la customización en nuestro país.
Hoy, aquel chico está sentado frente a mí después de haber tenido la amabilidad de viajar desde su ciudad de origen para charlar entre amigos. Estamos hablando de Dani Crespo, alma Mater de Devil Inside. A nuestra conversación asisten Nieves, siempre encantadora y discreta, y Adolfo Calles, propietario de Bonneville, quien actúa de apuntador allí donde Dani tiene dudas o confunde las fechas. “El 50% de lo que me ha ocurrido ha sido posible por Adolfo”, declara sin falsa modestia. Y lo que dice parece ser la verdad, según se traduce de las numerosas veces que aparece citado en la charla. Se me ocurre que Adolfo ha actuado un poco de Pepito Grillo en toda esta historia, animando a Dani a ir más allá incluso de sus propias ambiciones. “Yo sólo quería hacer motos para mí, como siempre había hecho”, confiesa con humildad el protagonista, un rasgo difícil de encontrar en alguien que ha llegado tan alto, tan lejos. La constante en sus palabras es la absoluta falta de vanidad, atribuyendo su éxito a una extraña concatenación de factores a las que de algún modo se considera ajeno, lo que le lleva a afirmar: “Yo flipo con todo lo que me ha pasado”.
Sin embargo, este leonés ha llegado a unas cotas tan altas en el panorama internacional que incluso ha tenido el placer de tener a cuatro patas – en el sentido literal- a constructores de la talla mundial como Paul Yaffe o Peter Penz Sonríe al relatarme como ocurrió tal cosa, en el certamen de Padova, la primera vez que decidió foguearse internacionalmente y que supuso su primer espaldarazo internacional. A partir de aquel momento su nombre quedó grabado con letras grandes en el altar del custom más elitista y ascendió al peldaño más elevado, el reservado a los grandes entre los grandes, en Sturgis, cuando el gran Chicara, el hombre que crea “violines”, según comenta Dani sin molestarse en ocultar su admiración, se quedó mudo de asombro ante su creación. Este es quizá su mayor orgullo. “Que le guste tu moto a un tipo que construye unas motos tan especiales es sencillamente alucinante”.
Nada en Dani resulta afectado, al contrario. Su discurso es tan natural y desprovisto de ego que provoca la mayor de las simpatías, lo reconozco. No hay trampa en su mirada franca. La media sonrisa es marca de la casa y sirve para remarcar su argumentación. Con el pelo ensortijado y las dos patillas largas que terminan sin juntarse por debajo de la barbilla parece un duende travieso y burlón. Hace bromas pero con la única intención de hacer sentir bien a quienes le escuchamos con atención. Es su carácter, desdramatizar lo que considera my serio, despojar de solemnidad nuestra conversación porque no tiene intención de sentar cátedra, tan sólo de que el rato que compartamos sea digno de recordar. 
Podía haberse dedicado profesionalmente a construir motos pero no ha ansiado elegir ese camino. Trabaja mal bajo presión y, además, el no dedicarse a esto en exclusiva le confiere total libertad para hacer lo que le gusta. Me consta, y así lo confirma, que a más de uno que ha acudido a que le haga una moto le ha aconsejado que se compre una BMW porque las motos que él hace no son para todos los públicos. Necesitan de una forma de ser y de apreciar que limitan su alcance. No es soberbia, es la pura verdad. Una moto con la firma de Devil Inside Cycles no es una moto de serie, es algo que requiere un mimo y saber hacer. Es su privilegio, sin duda. Se lo ha ganado a pulso y no intenta engañar a nadie. Él construye sólo cuando lo que habla con su interlocutor le provoca un cosquilleo interior. Entonces comienza la verdadera conversación y el consiguiente presupuesto que da inicio al proyecto. Porque Dani no lo hace por dinero, si no por el placer de crear algo distinto que dé una forma nueva a un motor, a un chasis… a lo que sea que pueda manipular para crear algo único, irrepetible, de lo que sentirse orgulloso. 
Hay en su trabajo mucho del estilo de ver la vida de un enamorado del viento y de las olas que, ante mi sorpresa, declara no ser motorista. Y yo, que le he visto montar en moto y puedo dar testimonio de que conduce con la soltura y la facilidad que distingue a los que tienen un don, no puedo evitar poner cara de asombro ante su afirmación. Le gustan las motos pero no necesariamente la vida en ellas, comenta. Quizá sea el espíritu libre del mar lo que guía su trabajo, prolongación inequívoca de su forma de ser y vivir. Más cerca de ser un beach boy que de un easy rider, Dani encoge los hombros al asentir. Aunque me quedo con ganas de profundizar sobre este tema siento que he dado en el clavo al preguntárselo. 

Pesimista ante el panorama nacional, se pone serio cuando argumenta que hacen falta muchos años para ponernos al nivel que encontramos fuera. Déficit de cultura, más que de talento, y una innegable apatía por el desarrollo de nuevas
formas de entender, de sentir y de hacer las motos son las barreras que debemos quebrar si un día queremos que el talento patrio pueda codearse en igualdad con el resto del mundo. Excepciones hay, afortunadamente, pero ninguna como la de aquel chico que, aún siendo ya hombre, se hizo maduro entre las paredes de un garaje donde aprendió a “destruir” para poder construir. Un hombre que prefiere hacer una pausa en su trabajo, en su vida, para buscar nuevas vivencias lejos de sus habituales influencias. Los motivos son suyos, pero no engaña. El fuego que atesora en su interior no está, ni de lejos, cerca de consumirse. Más bien se alimenta cada día de las brasas de la inquietud con las que conforma ese carácter que le llevó a dejarnos a todos con la boca abierta con una moto que debería figurar en un sitio de honor en el mejor museo del mundo: la Quattro. Para él Chicara es el mejor constructor del mundo. Para otro de los constructores nacionales, que goza del mayor de mis respetos, Dani es el más grande de España. Para algunos un auténtico  demonio, para otros un ángel. Para todos un creador de “violines”.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Luis Miguel “Luismi” Cabeza. El hombre que susurra a los Shovelhead.



Se me antoja que hay pocos sitios mejores en Madrid para hablar con alguien de la vieja escuela (old school para los puristas) que un lugar tan mítico como Alfredo’s, el restaurante de la que pasa por ser la mejor hamburguesa de la ciudad, con varias décadas de historia en la memoria y el presente de generaciones de madrileños. No hay duda de que el sitio acompaña a un hombre con sempiterno aspecto de rocker que no hace gala de nada porque desea tan poco reivindicarse como vestirse de oropeles nacidos de la inconsistencia recalcitrante de aduladores fariseos. Bien podía haber salido de un vinilo de Robert Gordon o Graham Fenton, sin embargo es de las revistas Cromo y Fuego, Freeway, Easy Rider (la edición americana) o Automecánica de quien se manifiesta seguidor. No hay duda de que me encuentro en compañía de un mecánico de raza, buen conocedor del aroma que compone la mezcla de aceite y grasa.
Luismi y yo llevamos un buen rato juntos – bien acompañados por Sara y JuanDa- y nos hemos trasladado hasta aquí desde el bar donde habíamos quedado para evitar camaraderías incómodas. Una pena porque en su terraza se disfrutaba del sol pre otoñal, tan agradable como deseado, aunque hay que decir que tampoco hemos salido mal con el cambio. El chili con carne llega a la mesa y me lanzo a probarlo más de una vez a pesar de que soy consciente de que me va a sentar como una patada en el estómago. El picante me destrozará, lo sé, pero es lo que tiene el momento en el que hay que tomar una decisión rápida: sea la que sea inevitablemente tendrá consecuencias. Algo así le ocurrió a Luismi hace muchos años cuando tuvo que escoger entre ir a estudiar
mecánica a Alemania o convertirse en soldado profesional y hacer carrera en el ejército. Esa elección, fruto de un momento especial mezclado con algo de rabia, ha marcado, sin duda, la vida de un hombre que desde adolescente demostró un talento innato para la mecánica, lo que le llevó a ser el encargado de arreglar las motos que había en la pandilla. Hoy me confiesa que si volviese a tener la oportunidad de decidir hubiese emprendido el camino del ejército. Ante mi extrañeza inicial me mira y desde lo más profundo de su mirada puntualiza: “Tal y como están las cosas no merece la pena dedicarse a esto”. Esto, lo de la mecánica, supone casi una heroicidad en un país pacato e ignorante del esfuerzo que significa mantener una moto en perfectas condiciones o, lo que es más importante, hacer motos que tienen 40 o 50 años y que sigan funcionando a la perfección sin nada que envidiar a las modernas. Aquí interesa más la moda que el estilo, el dinero que el talento, algo que supone una constante con la que me encuentro en muchas de las facetas de mi actividad profesional y que veo reflejada en casi todos los sectores a los que me asomo. A todo ello hay que sumar el desbarajuste creado por un reglamento absurdo e interesado que prácticamente imposibilita a cualquiera el tener una moto a su gusto y que ha traído, si no la ruina, sí la pobreza a muchos talleres del custom. Da pena ver que gente que se ha dejado las uñas durante años lo esté pasando tan mal como para replantearse su situación. Por fortuna, La Cabeza Motorcycles es un taller reputado con una buena cartera de clientes, tiene trabajo y somos muchos los que sentiríamos si un día llegase su desaparición pero es innegable que los tiempos han ido hacia atrás obligando a los talleres a buscar un sitio donde establecerse en el grave desconcierto actual. A La Cabeza Motorcycles, o lo que es lo mismo, a Luismi, le cabe el honor de ser constantemente buscado por quienes necesitan un especialista en el motor Shovelhead, tan codiciado por los amantes expertos de las Harley- Davidson, y de haber construido algunas de las motos más bonitas que circulan orgullosas por las carreteras levantando exclamaciones de asombro, como es el caso de Shovelvia, la envidia de concentraciones y los lugares por donde aparece. Una preciosidad construida mimando los detalles, poniendo el corazón en cada paso y volcando el mismo amor que siente hacia su propietaria, Sara, mujer de raza y culpable en gran medida de que esa media sonrisa que adorna el rostro del mecánico permanezca perenne.

Haberse especializado en la mecánica de una de las joyas creadas por la MOCO es indicativo de su forma de ser y de conducirse por la vida y por su profesión. Hablamos de un hombre entusiasta por aprender – “Cuando compré mi primer Shovel lo primero que hice fue desarmarlo para poder conocerlo a fondo. Quería saber como funcionaba y así me enamoré de él”-, cautivado por lo que hace, que se apasiona ante los retos difíciles y cabila en silencio mientras su interlocutor espera inútilmente un veredicto. Luismi piensa a la misma velocidad que calla, algo poco habitual en un mundo de charlatanes y gurús. Extraña que un hombre tan pausado haya sido entrenado en el exigente cuerpo de los boinas verdes, los populares COES. Se podía pensar que sigue a rajatabla uno de los lemas de los guerrilleros: sé parco en palabras, que los hechos hablen por ti. Pero puede que sencillamente se deba a que nació con el temple de un resistente. No he conocido a nadie que me haya hablado mal de él y eso suele ser signo inequívoco de que el hombre supera al personaje. Luismi no va de nada que no sea él mismo, despreocupado de cualquier consideración ajena. Se le quiere o se le respeta. O ambas cosas, que suele ser lo común. Muchos de nosotros celebramos que un día decidiese cambiar la pistola por la llave inglesa, el subfusil por el torno y el cuchillo por el destornillador. El ejército perdió a un buen soldado pero los harlystas ganamos un excelente mecánico. Y los motoristas, un gran compañero. 

miércoles, 18 de junio de 2014

Jinetes de caucho.

La fotógrafa Marina Rodríguez me eligió como uno de los modelos para retratar el alma de un motorista. El resultado es el esperado por ella: carácter, dureza y sobriedad. Como ejemplo pongo una de las fotos que más me gustan.

viernes, 5 de julio de 2013

La Red (a)Social (artículo para ChopperOn.es, julio 2013)


Hace unos días saltó la noticia de que Facebok recibió -y atendió- alrededor de 10.000 órdenes de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU con peticiones de información que afectaban a entre 18.000 y 19.000 cuentas. Justo una semana antes, volviendo de la reunión anual de Harley-Davidson en León, mi moto sufrió una avería cerca de Valladolid y tras colocar el casco a 20 pasos, la chaqueta en el suelo y separarme unos metros de la moto comprobé como pasaban ante mí siete BMW  y dos motos japonesas que no se dignaron a parar, eso sí, muy educados me saludaron con la mano.
A priori ambos hechos no tienen nada que ver pero si nos detenemos un momento a valorarlos descubrimos que, de algún modo, tienen aspectos comunes. Ambas son dos grandes redes sociales, sí, no se me solivianten todavía. Me explicaré. Si bien Facebook tiene un alcance mundial que supera los mil millones de cuentas, el motociclismo, o motorismo, tiene también una importante cifra millonaria de seguidores en todo el mundo. Ambas son, igualmente, voluntarias y en el caso de Facebook totalmente gratis. Cuando entramos en esta red debemos saber que estamos dentro de una empresa privada y jugamos con sus propias reglas sin que nadie nos obligue a permanecer en ella; cuando conducimos una motocicleta deberíamos ser conscientes de que formamos parte de un mundo con un centenar de años de historia, códigos no escritos pero que mantienen todavía su vigencia, al menos en los que somos cascos viejos, y una solidaridad que se hizo famosa mucho antes de que los móviles hiciesen su aparición y las compañías de seguros introdujesen la asistencia en carretera. Cuando era pequeño era frecuente escuchar historias, incluso en los programas de televisión, sobre como los motoristas (o moteros) ayudaban a coches averiados y, por supuesto, a las motos. Hoy parece que aquellas historias son parte de la leyenda perdida de la solidaridad humana.
No entiendo a quienes claman ahora por la violación de su privacidad en las redes sociales. ¿Qué privacidad reclamas cuando has sido tú quien ha compartido todo lo que has querido en el entorno de una compañía? Si no quieres que tus cosas se vean… no las pongas. Y tampoco entiendo que alguien que se suba en una moto no asuma como propias las reglas básicas de esta afición. Si no sabes, pregunta, coño. Un casco colocado en el suelo a 20 metros de la moto, remarcado por la chaqueta que reposa en el asfalto y no colgada del manillar, por ejemplo, es señal de avería, a ver si se enteran aquellos que no han escuchado a sus mayores. Sí, el piloto seguramente habrá llamado ya por su móvil y estará esperando a la asistencia, pero una parada a preguntar será siempre de agradecer. Un poco de charla o simplemente comprobar que formas parte de algo reconfortará al piloto con problemas. Y si no vas a parar, al menos métete el pito y las “uves” en el orto porque no tienes nada que ver conmigo y paso de saludarte. Eso sí, no te preocupes, si un día eres tú el que estás tirado en la carretera y yo paso en moto o en coche, me detendré y te ofreceré ayuda y un rato de charla, al igual que hicieron conmigo David y Ana, Carlos y Esther, Ricardo y Ricardo jr. Todos harleros, todos motoristas, todos amigos. Yo seguiré montando en moto y mantendré mi perfil en Facebook porque asumo las reglas de ambos.
Por último, quiero dar las gracias a otro motorista, Roberto, y a su encantadora chica, Ali, por no haber permitido que me hiciese el resto del viaje en grúa. Desviaron su camino y nos recogieron a mí y a La Bonita ofreciéndonos su hospitalidad porque ellos sí que saben lo que es una red social. Y se basa, sobre todo, en la amistad.

lunes, 3 de diciembre de 2012

AJUSTANDO CUENTAS (artículo para ChopperOn, diciembre 2012).

 
Escuché el otro día a Pérez-Reverte, el escritor, revelarle a Iñaki Gabilondo durante una entrevista, en tono grave y revestido de gran solemnidad, que España se había equivocado dos veces en la Historia: la primera en Trento, donde nos equivocamos de dios y adoptamos al vengador implacable, y en la guerra de independencia, donde erramos el enemigo y con ello nos adentramos en las más profundas tinieblas del pensamiento. Ambas incorrectas decisiones condenaron a nuestro país al oscurantismo en el que se ha movido estos siglos, según Reverte, y no puedo dejar de pensar en cuanta razón encierran sus palabras. No hay más que ver, proseguía el autor, la prosperidad de la que gozan los países del centro y norte de Europa y la condiciones que sufrimos nosotros. Durante toda su argumentación, más extensa y sesuda, se imponía la idea de un retraso cultural pero sobre todo de actitud mental. Quizá eso explique el guirigay de sinsentidos que ocurre en este país y sirva de base para entender la estupidez congénita que planea permanentemente sobre nuestra sociedad paleta. Quizá a estas alturas algún lector pudiese entender que estoy empezando a construir los cimientos para responder a todos los memos que vertieron mensajes insultantes sobre mi persona por el artículo del mes anterior, pero no es así y créanme que me ha costado sujetar los puños de mi pluma. No, puede que no tenga mucho que ver pero estaba pensando en la cantidad de prejuicios con los que tenemos que cargar los motoristas siempre que saltamos a escena, así como en los recelos que existen entre los distintos sub colectivos que lo forman.
Me acojo a la argumentación de Pérez-Reverte para resaltar el enorme respeto que siempre he sentido por aquellos países que entienden que la libertad de la moto comienza por respetar la autonomía de quienes integran su mundo. Desde los constructores hasta los conductores, pasando por las marcas y sus concesionarios, todos gozan del respeto de quien libremente elige su opción laboral o de ocio, por no hablar de eventos tan especiales como los que suceden en la Isla de Man o en Irlanda del Norte, la caravana continental que va recogiendo adeptos desde Alemania hasta llegar al Ace Café de Londres cada año o el hecho de que el circuito de Assen sea conocido como La Catedral. Todos estos ejemplos y los omitidos para no cansar tienen el denominador común que supone el respeto con que sus respectivas sociedades los acogen. He viajado por gran parte de esa Europa y he podido comprobar como no he sido nunca señalado por la desconfianza al ser motorista. Incluso he atravesado Francia de norte a sur durante la salida de un puente el 14 de julio, su fiesta nacional, con las autopistas atascadas por miles de coches que salían de vacaciones y que se apartaban al ver por el retrovisor que se acercaban dos motos. Francamente impresionante, pueden creerme, y muy alejado de lo que sucede aquí, donde parece que el motorista es una pieza que hay que cobrar a toda costa. Desde este espacio de opinión he denunciado varias veces el escaso interés que tiene la administración por nosotros y nuestros problemas… y la sociedad tampoco le va a la zaga. Estoy seguro de que todos los que montamos en moto, y más los que pertenecemos al mundo custom, hemos tenido que sufrir en más de una ocasión los prejuicios de aquellos que nos ven casi como un peligro social. Todavía me río al recordar una vez que estando en el bar Sin Perdón, en Valencia, un motorista le fue a dar un mechero de regalo a una chica que venía conmigo, pero que no tenía nada que ver con nuestro mundo, y ésta respondió dando un respingo, asustada, como si la fuesen a agredir.
Anécdotas aparte, ha llegado el momento de decidir en que modo queremos que se nos vea, que se nos trate, y empecemos a ajustar cuentas con esa sociedad que nos mira de lateral pero que siempre nos ha tenido a su lado cuando nos ha necesitado. Seguir reivindicando nuestros derechos no es sólo una necesidad, es un leit motiv para asegurarnos la comprensión y el respeto tanto en la carretera como fuera de ella. Personalmente no me gustaría mirar para atrás dentro de unos años y ver que me he equivocado en la decisión. Esta vez no.

martes, 6 de marzo de 2012

SANGRE, SUDOR Y LAGRIMAS (ChopperON, marzo 2012)




Nada, no hay absolutamente nada peor que la esperanza. Esquiva y ladrona, hurta nuestros sueños arrebatándonos la sonrisa con tanto sufrimiento fabricada. Al viento del cambio que iluminó los rostros de millones de españoles, incluso de muchos de aquellos que se consideraban a sí mismos enemigos de los triunfantes, le ha seguido la tempestad del desasosiego. El señor Rajoy ha pasado su particular Rubicón con la complicidad de su corte personal, una guardia de corps en forma de séquito ministerial, impertérrito al alcanzar las mieles del poder, conteniendo la arrogancia natural del todopoderoso. A él le ha tocado dirigir la resistencia contra la crisis en espera del ejército tiempo que nos refuerce en la lucha hacia el único desenlace posible, la victoria. A muchos no tienen por qué gustarnos los generales, pero es inevitable aceptar su mando y confiar en que su buen juicio nos guíe, firmes e inquebrantables, por la senda que conduce al futuro, aún a sabiendas de que no está exenta de dificultades, ni sacrificios. La historia nos demuestra que los grandes líderes han sabido motivar a sus huestes antes de la batalla. Algunos como Winston Churchill, que pronunció la célebre frase que da título a este artículo y que a su vez tomó del gran Garibaldi, ganó su fama de estadista por su actitud frente a los grandes momentos con que la historia le desafió. Me vienen a la cabeza un par de decenas de nombres que como, hizo él, se afanaron en no decepcionar a su pueblo. Eso es lo que se espera de un líder, grandeza y altura de miras. No se afronta el combate con mensajes pesimistas, al contrario. La actitud de quien guía es importante para sus huestes y la arenga debe ser animosa, reconfortante. Que la cosa está mal ya lo sabemos ¿o es que se cree que no sufrimos todos los días la angustia de la situación? De eso, de sufrimiento, los motoristas sabemos mucho. No sólo hemos soportado, y soportamos, impuestos exagerados y peajes abusivos con estoicismo, también nos asolan frecuentes desprecios adivinados en miradas más o menos furtivas y hasta nos hemos convertido en moneda devaluada que paga con su seguridad - a veces con la misma vida- la insensatez de los asesinos silenciosos que jalonan nuestras carreteras. Sabemos que nuestra pasión está sembrada de riesgos en los que ni siquiera pensamos, pero conocemos bien que de una curva mal trazada no te saca el pánico o que no se debe tocar el freno de manera brusca en una carretera con gravilla. En ambos casos el salir indemne depende en gran medida de nuestra capacidad de mantener la sangre fría y la cabeza alerta para emitir los necesarios mensajes a aquellas partes del cuerpo que deben actuar. Mirar hacia delante con convicción y determinación, sin titubeos. Luchar a golpe de acelerador hasta la siguiente escaramuza con el asfalto. Igual que en la vida, luchar. Con la mirada limpia, con el corazón henchido, con las ganas de vencer, que es lo que toca. No es hora de inmolarse en la pira del conformismo cuando el enemigo amenaza nuestra casa. No hay más remedio, así que, Don Mariano, cómprese una moto, acelere y ¡tire hacia adelante! Quizá así se convenza de cambiar su discurso actual por el de un líder positivo que comparta un alegato de esperanza y combate que haga menos duro nuestro pesar e insufle de aliento nuestra voluntad. Así lo espero, por el bien de todos. 

jueves, 9 de febrero de 2012

La SOPA boba


He dudado seriamente sobre si titular este artículo “Bufón de bufones” o “Anonymus”. En el primer caso hubiese hablado de un personaje ególatra, pagado de sí mismo, que se auto corona como ser superior y desprecia a sus semejantes, eso sí, guardándose una pequeña representación en forma de “cla” de sus actuaciones histriónicas. Un imbécil, en suma. Al final comprendí que ya había hablado suficiente de esta clase de cretino en esta sección y tan sólo podría disfrazar con palabras nuevas la escasa consideración que me merece, así que lo descarté. En el segundo, sencillamente pensé que no era el titular adecuado para abordar el grave problema que la libertad de expresión y de información está sufriendo. Leyes como la Sinde, la SOPA americana o el tratado ACTA han aparecido recientemente en nuestras vidas para limitar nuestros movimientos en la Red. No se dejen engañar por el altruista disfraz de proteccionismo hacia los derecho de autor que exhiben como bandera de algunas de estas medidas, esto les importa un comino, excepto los impuestos que puedan derivarse de las transacciones. Como autor y creador estoy expuesto a la apropiación indebida de mis escritos e ideas, pero considero que se pueden establecer reglamentos con sentido destinados a amparar el esfuerzo autoral, alejados de las leyes coercitivas e irracionales que nos van a imponer. La realidad es que Internet es un espacio altamente peligroso para cualquier gobierno porque otorga un foro a las ideas, a los planteamientos divergentes. Gracias a Internet hemos podido conocer las vergüenzas de algunas democracias occidentales, estamos al tanto de las tropelías del gobierno dictatorial cubano, nos han informado de las revueltas en oriente o hemos sido testigos de la enorme violencia policial en nuestro país el verano pasado, por citar algunos casos. Internet es un foro libre donde las personas sin importancia adquieren voz y pueden difundir sus protestas, sus inquietudes, sus discrepancias, y tener un escenario donde plantearlas, sin tener que sufrir la censura que impone la falta de medios o la imposibilidad de acceder a ellos. Esto es lo que realmente les preocupa, que cada uno de nosotros seamos un potencial foco de conflicto y encontremos el eco suficiente para ponerlos en problemas. Es lo que ha ocurrido con Wikileaks, por ejemplo. Descubrió mentiras, trapicheos, procedimientos delictivos y abusos del poder y lo silenciaron. Simplemente. Ahora mismo cualquiera de nosotros es considerado un Wikileaks en potencia para los transgresores de la libertad, aquellos que invocan su nombre para restringir la de todos. La libertad no es gratis y todos deberíamos convertirnos en un anonymous, un anónimo que luche por mantenerla desde su propio perfil online, si no queremos ver como las redes sociales se transforman en una especie de estúpido waka waka, el circo de los romanos. Piénsalo bien, tienes en tus dedos más poder del que crees y como utilizarlo depende exclusivamente de ti. Libertad es una palabra que se escribe con todas y cada una de las teclas del ordenador. Eso o quedarte adormecido a la SOPA boba como les gustaría a los distintos poderes que nos manejan y que ven peligrar el monopolio del mangoneo cada vez que un post es publicado, cada vez que tweet se lanza al mundo, cada vez que una opinión contraria busca su eco en Internet. Aquí está la mía.