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martes, 3 de septiembre de 2013

PERMISO PARA ABANDONAR LA NAVE (artículo para ChopperOn.es, septiembre 2013).



Will you recognise me?
Call my name or walk on by.
Rain keeps falling, rain keeps falling
Down, down, down, down
Hey, hey, hey, hey
Ohhhh.....

Hace un lustro ya que acudí a la llamada urgente para enrolarme en un navío de incierto rumbo y de nombre pretencioso: ChopperOn. Toda la tripulación reclutada a fuerza de buena voluntad era inexperta en estas lides y, sin embargo, 60 números después la revista sigue viva, repartiendo acero cada mes con la patente de corso que otorga la propia voluntad de seguir adelante. Han sido seis decenas de ejemplares, mas el especial coleccionistas en papel, en el que nunca he faltado a la cita con los lectores, a pesar de las duras tormentas que hemos capeado y los avatares de salud que me han asolado en este tiempo. Durante las miles de líneas publicadas en este espacio he intentado expresar mi opinión sobre distintos temas, directa o indirectamente ligadas con el mundo de la moto, a veces apretando el acelerador bajo la indignación, otras al ralentí del sosiego aventurero o bien dejándome llevar por el camino sinuoso de la ironía. Algunas opiniones han sido criticadas de manera incendiaria, otorgándome epítetos que sólo pueden hacerse desde el desconocimiento de mi persona y otras, en cambio, han causado la misma reacción que la que se produce frente a la hoja que termina su vida en el árbol e inicia su vuelo de descenso hasta la tierra, o sea, indiferencia suma. La verdad, siempre he preferido las reacciones virulentas a la apatía. Sea como fuere, mi intención ha sido batirme honestamente desde el castillo de proa frente a cualquier cuestión que se cruzase en la travesía. Estoy razonablemente tranquilo en este sentido, vencedor o vencido mi lucha ha sido noble, ajustada a las estrictas reglas del combate y prolongada hasta la extenuación. Sin embargo me queda un cierto sabor amargo al no haber conseguido mover a los lectores hacia el debate de las ideas. Quizá no fuese el objetivo, pero sí, lo confieso, mi secreto afán. Tan sólo un reducido número de personas  desenvainaron sus argumentos para batirse conmigo en duelos privados. A todas ellas, mi sincero agradecimiento por sus acertadas aportaciones críticas que me han hecho mejorar; cada estocada recibida es ya una cicatriz en el conocimiento, en la memoria.
Don't you forget about me.
I'll be alone, dancing you know it baby.
Going to take you apart
I'll put us back together at heart, baby.
Don't You Forget About Me

Y sin embargo ha llegado el momento de desembarcar en este puerto de septiembre, dirigiendo esfuerzos y pluma hacia otros derroteros que necesitan de toda mi energía para salir airosos, por lo que éste es mi último artículo mensual, para alivio de algunos. La vida se conforma a base de un cúmulo de caprichos que en general resultan tan complicados como inesperados y a menudo el desempeño de la acometida se convierte en un esqueleto exógeno que sostiene nuestra razón de ser, de sentir y actuar. Por eso abandono una tripulación que se encuentra en un gran momento y me retiro a vivir nuevas aventuras en un islote tumultuoso y complicado, muy alejado del concepto paradisíaco. No sé si la nave de ChopperOn volverá a detenerse en este puerto y si en ese caso volverá a haber sitio para un viejo corsario, pero es un riesgo que debo correr si pretendo ser honesto conmigo mismo. Tempus fugit, ya se sabe.
As you walk on by
Will you call my name?
As you walk on by
Will you call my name?
When you walk away

Por último, si bien durante este tiempo he firmado bajo el seudónimo Honor Vincit por una sencilla cuestión de exagerado pudor, hoy he decidido despedirme de mis lectores usando mi propio nombre para desearles cara a cara el mayor éxito en la vida. A todos, sin excepción, mi profunda gratitud y reconocimiento por su paciencia y afán en leerme.
Capitán, pido permiso para abandonar la nave.


Ferdi Cueto (Honor Vincit)

viernes, 5 de julio de 2013

La Red (a)Social (artículo para ChopperOn.es, julio 2013)


Hace unos días saltó la noticia de que Facebok recibió -y atendió- alrededor de 10.000 órdenes de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU con peticiones de información que afectaban a entre 18.000 y 19.000 cuentas. Justo una semana antes, volviendo de la reunión anual de Harley-Davidson en León, mi moto sufrió una avería cerca de Valladolid y tras colocar el casco a 20 pasos, la chaqueta en el suelo y separarme unos metros de la moto comprobé como pasaban ante mí siete BMW  y dos motos japonesas que no se dignaron a parar, eso sí, muy educados me saludaron con la mano.
A priori ambos hechos no tienen nada que ver pero si nos detenemos un momento a valorarlos descubrimos que, de algún modo, tienen aspectos comunes. Ambas son dos grandes redes sociales, sí, no se me solivianten todavía. Me explicaré. Si bien Facebook tiene un alcance mundial que supera los mil millones de cuentas, el motociclismo, o motorismo, tiene también una importante cifra millonaria de seguidores en todo el mundo. Ambas son, igualmente, voluntarias y en el caso de Facebook totalmente gratis. Cuando entramos en esta red debemos saber que estamos dentro de una empresa privada y jugamos con sus propias reglas sin que nadie nos obligue a permanecer en ella; cuando conducimos una motocicleta deberíamos ser conscientes de que formamos parte de un mundo con un centenar de años de historia, códigos no escritos pero que mantienen todavía su vigencia, al menos en los que somos cascos viejos, y una solidaridad que se hizo famosa mucho antes de que los móviles hiciesen su aparición y las compañías de seguros introdujesen la asistencia en carretera. Cuando era pequeño era frecuente escuchar historias, incluso en los programas de televisión, sobre como los motoristas (o moteros) ayudaban a coches averiados y, por supuesto, a las motos. Hoy parece que aquellas historias son parte de la leyenda perdida de la solidaridad humana.
No entiendo a quienes claman ahora por la violación de su privacidad en las redes sociales. ¿Qué privacidad reclamas cuando has sido tú quien ha compartido todo lo que has querido en el entorno de una compañía? Si no quieres que tus cosas se vean… no las pongas. Y tampoco entiendo que alguien que se suba en una moto no asuma como propias las reglas básicas de esta afición. Si no sabes, pregunta, coño. Un casco colocado en el suelo a 20 metros de la moto, remarcado por la chaqueta que reposa en el asfalto y no colgada del manillar, por ejemplo, es señal de avería, a ver si se enteran aquellos que no han escuchado a sus mayores. Sí, el piloto seguramente habrá llamado ya por su móvil y estará esperando a la asistencia, pero una parada a preguntar será siempre de agradecer. Un poco de charla o simplemente comprobar que formas parte de algo reconfortará al piloto con problemas. Y si no vas a parar, al menos métete el pito y las “uves” en el orto porque no tienes nada que ver conmigo y paso de saludarte. Eso sí, no te preocupes, si un día eres tú el que estás tirado en la carretera y yo paso en moto o en coche, me detendré y te ofreceré ayuda y un rato de charla, al igual que hicieron conmigo David y Ana, Carlos y Esther, Ricardo y Ricardo jr. Todos harleros, todos motoristas, todos amigos. Yo seguiré montando en moto y mantendré mi perfil en Facebook porque asumo las reglas de ambos.
Por último, quiero dar las gracias a otro motorista, Roberto, y a su encantadora chica, Ali, por no haber permitido que me hiciese el resto del viaje en grúa. Desviaron su camino y nos recogieron a mí y a La Bonita ofreciéndonos su hospitalidad porque ellos sí que saben lo que es una red social. Y se basa, sobre todo, en la amistad.

martes, 5 de marzo de 2013

MOTORISTA DE SALÓN (artículo para ChopperOn, marzo 2011)


Hace ya casi un mes que La Bonita duerme sin descanso en el garaje de casa. El paso por el taller no ha sido todo lo rápido que esperaba y el dolor me impide todavía llevarla de paseo como se merece. No recuerdo la última vez que pasó tanto tiempo sin que pudiese montar en moto pero debió ser hace mucho porque estoy que me subo por las paredes. Shit happen! Sin embargo la convalecencia me ha permitido recuperar otras cosas que tenía, si no olvidadas, sí postergadas. Entre ellas leer más de lo que acostumbraba en los últimos tiempos. Varias son las obras que han sido devoradas durante este mes pero quédense tranquilos que no es mi intención escribir un artículo sobre ellos. Lo que sí quiero resaltar es que me resulta curioso la cantidad de aspectos que tienen en común literatura y motos. Cuando abres una novela es como si accionaras el acelerador suavemente para dejar que el motor de la historia te vaya llevando por kilómetros llenos de letras hasta las más increíbles aventuras, los romances más apasionados o las batallas más sangrientas. La literatura nos permite soñar, imaginar, emocionarnos… ¡Vivir! Al menos para mí ha sido una vía de escape durante todas las etapas de mi vida. En moto he recorrido carreteras de casi toda España y media Europa, he visto parajes increíbles y conocido personajes dignos de mención; con los libros he visto cosas que tú ni imaginarías, he amado a mujeres hermosas y algunas realmente peligrosas, he estado al borde la muerte infinidad de veces y he tenido que defender vida y honra en varios duelos de honor. Moto y letras caminan de un modo paralelo en mi vida y por eso, cuando emprendo un viaje en moto siempre viaja conmigo una novela… y un cuaderno. Leer y escribir me son tan imprescindibles como rodar  y en estos momentos de orfandad motera me refugio en ellos para huir de la podredumbre moral que nos rodea. Espero que esta situación se resuelva rápidamente porque el sofá de mi salón es cómodo, sí, pero añoro el sillín individual de mi Harley y necesito escuchar el ronroneo del big twin al ralentí. En fin, toca rezar y esperar mientras ataco “Danzas de Guerra”, el recopilatorio de cuentos, odas y poemas de Sherman Alexie que mi hermano Víctor me regaló al salir del hospital. Curioso, comienza a sonar la excelente versión de The House of the rising sun que The White Buffalo hizo para cerrar la cuarta temporada  de la serie Sons of Anarchy. Le han cambiado la letra para ajustarla a la mujer de Jax Teller, el protagonista. Empieza así:
There is a house in Charming town / They call the rising sun.
And it’s been the ruin of many a poor girl / and me oh God I’m one.

Y así termina:
And me I wait in Charming town/ to gain my loveless one
I’m staying here to end my life/ down in the rising Son.

Para el resto, ya saben, Google y YouTube. Que la disfruten.