Un cuaderno de viaje por la ruta de la vida con la única pretensión de compartir lo que pienso, lo que me gusta, lo que me ocurre, lo que siento... Aprender cada día algo con los ojos bien abiertos.
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martes, 10 de enero de 2017
viernes, 5 de julio de 2013
La Red (a)Social (artículo para ChopperOn.es, julio 2013)
Hace
unos días saltó la noticia de que Facebok recibió -y atendió- alrededor de
10.000 órdenes de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU con peticiones de
información que afectaban a entre 18.000 y 19.000 cuentas. Justo una semana
antes, volviendo de la reunión anual de Harley-Davidson en León, mi moto sufrió
una avería cerca de Valladolid y tras colocar el casco a 20 pasos, la chaqueta
en el suelo y separarme unos metros de la moto comprobé como pasaban ante mí
siete BMW y dos motos japonesas
que no se dignaron a parar, eso sí, muy educados me saludaron con la mano.
A
priori ambos hechos no tienen nada que ver pero si nos detenemos un momento a
valorarlos descubrimos que, de algún modo, tienen aspectos comunes. Ambas son
dos grandes redes sociales, sí, no se me solivianten todavía. Me explicaré. Si
bien Facebook tiene un alcance mundial que supera los mil millones de cuentas,
el motociclismo, o motorismo, tiene también una importante cifra millonaria de
seguidores en todo el mundo. Ambas son, igualmente, voluntarias y en el caso de
Facebook totalmente gratis. Cuando entramos en esta red debemos saber que
estamos dentro de una empresa privada y jugamos con sus propias reglas sin que
nadie nos obligue a permanecer en ella; cuando conducimos una motocicleta
deberíamos ser conscientes de que formamos parte de un mundo con un centenar de
años de historia, códigos no escritos pero que mantienen todavía su vigencia,
al menos en los que somos cascos viejos, y una solidaridad que se hizo famosa mucho
antes de que los móviles hiciesen su aparición y las compañías de seguros
introdujesen la asistencia en carretera. Cuando era pequeño era frecuente
escuchar historias, incluso en los programas de televisión, sobre como los
motoristas (o moteros) ayudaban a coches averiados y, por supuesto, a las
motos. Hoy parece que aquellas historias son parte de la leyenda perdida de la
solidaridad humana.
No
entiendo a quienes claman ahora por la violación de su privacidad en las redes
sociales. ¿Qué privacidad reclamas cuando has sido tú quien ha compartido todo
lo que has querido en el entorno de una compañía? Si no quieres que tus cosas
se vean… no las pongas. Y tampoco entiendo que alguien que se suba en una moto
no asuma como propias las reglas básicas de esta afición. Si no sabes,
pregunta, coño. Un casco colocado en el suelo a 20 metros de la moto, remarcado
por la chaqueta que reposa en el asfalto y no colgada del manillar, por
ejemplo, es señal de avería, a ver si se enteran aquellos que no han escuchado
a sus mayores. Sí, el piloto seguramente habrá llamado ya por su móvil y estará
esperando a la asistencia, pero una parada a preguntar será siempre de
agradecer. Un poco de charla o simplemente comprobar que formas parte de algo
reconfortará al piloto con problemas. Y si no vas a parar, al menos métete el
pito y las “uves” en el orto porque no tienes nada que ver conmigo y paso de
saludarte. Eso sí, no te preocupes, si un día eres tú el que estás tirado en la
carretera y yo paso en moto o en coche, me detendré y te ofreceré ayuda y un
rato de charla, al igual que hicieron conmigo David y Ana, Carlos y Esther,
Ricardo y Ricardo jr. Todos harleros, todos motoristas, todos amigos. Yo
seguiré montando en moto y mantendré mi perfil en Facebook porque asumo las
reglas de ambos.
Por
último, quiero dar las gracias a otro motorista, Roberto, y a su encantadora
chica, Ali, por no haber permitido que me hiciese el resto del viaje en grúa.
Desviaron su camino y nos recogieron a mí y a La Bonita ofreciéndonos su
hospitalidad porque ellos sí que saben lo que es una red social. Y se basa,
sobre todo, en la amistad.
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martes, 5 de marzo de 2013
MOTORISTA DE SALÓN (artículo para ChopperOn, marzo 2011)
Hace
ya casi un mes que La Bonita duerme sin descanso en el garaje de casa. El paso
por el taller no ha sido todo lo rápido que esperaba y el dolor me impide
todavía llevarla de paseo como se merece. No recuerdo la última vez que pasó tanto
tiempo sin que pudiese montar en moto pero debió ser hace mucho porque estoy
que me subo por las paredes. Shit happen!
Sin embargo la convalecencia me ha permitido recuperar otras cosas que tenía,
si no olvidadas, sí postergadas. Entre ellas leer más de lo que acostumbraba en
los últimos tiempos. Varias son las obras que han sido devoradas durante este
mes pero quédense tranquilos que no es mi intención escribir un artículo sobre
ellos. Lo que sí quiero resaltar es que me resulta curioso la cantidad de aspectos
que tienen en común literatura y motos. Cuando abres una novela es como si
accionaras el acelerador suavemente para dejar que el motor de la historia te
vaya llevando por kilómetros llenos de letras hasta las más increíbles
aventuras, los romances más apasionados o las batallas más sangrientas. La
literatura nos permite soñar, imaginar, emocionarnos… ¡Vivir! Al menos para mí
ha sido una vía de escape durante todas las etapas de mi vida. En moto he
recorrido carreteras de casi toda España y media Europa, he visto parajes
increíbles y conocido personajes dignos de mención; con los libros he visto
cosas que tú ni imaginarías, he amado a mujeres hermosas y algunas realmente
peligrosas, he estado al borde la muerte infinidad de veces y he tenido que defender
vida y honra en varios duelos de honor. Moto y letras caminan de un modo
paralelo en mi vida y por eso, cuando emprendo un viaje en moto siempre viaja
conmigo una novela… y un cuaderno. Leer y escribir me son tan imprescindibles
como rodar y en estos momentos de
orfandad motera me refugio en ellos para huir de la podredumbre moral que nos
rodea. Espero que esta situación se resuelva rápidamente porque el sofá de mi
salón es cómodo, sí, pero añoro el sillín individual de mi Harley y necesito
escuchar el ronroneo del big twin al ralentí. En fin, toca rezar y esperar
mientras ataco “Danzas de Guerra”, el recopilatorio de cuentos, odas y poemas
de Sherman Alexie que mi hermano
Víctor me regaló al salir del hospital. Curioso, comienza a sonar la excelente
versión de The House of the rising sun que
The White Buffalo hizo para cerrar la
cuarta temporada de la serie Sons of Anarchy. Le han cambiado la
letra para ajustarla a la mujer de Jax
Teller, el protagonista. Empieza así:
There is a
house in Charming town / They call the rising sun.
And it’s been
the ruin of many a poor girl / and me oh God I’m one.
Y así termina:
And me I wait
in Charming town/ to gain my loveless one
I’m staying
here to end my life/ down in the rising Son.
Para el resto, ya saben, Google y YouTube. Que la disfruten.
martes, 6 de marzo de 2012
SANGRE, SUDOR Y LAGRIMAS (ChopperON, marzo 2012)
Nada, no hay absolutamente nada peor que la esperanza.
Esquiva y ladrona, hurta nuestros sueños arrebatándonos la sonrisa con tanto sufrimiento fabricada. Al
viento del cambio que iluminó los rostros de millones de españoles, incluso de muchos de
aquellos que se consideraban a sí mismos enemigos de los triunfantes, le ha seguido la
tempestad del desasosiego. El señor Rajoy ha pasado su particular Rubicón con la complicidad de su
corte personal, una guardia de corps en forma de séquito ministerial, impertérrito al alcanzar las mieles
del poder, conteniendo la arrogancia natural del todopoderoso. A él le ha tocado dirigir la
resistencia contra la crisis en espera del ejército tiempo que nos refuerce
en la lucha hacia el único desenlace posible, la victoria. A muchos no tienen por
qué
gustarnos los generales, pero es inevitable aceptar su mando y confiar en que
su buen juicio nos guíe, firmes e inquebrantables, por la senda que conduce al
futuro, aún a
sabiendas de que no está exenta de dificultades, ni sacrificios. La historia nos
demuestra que los grandes líderes han sabido motivar a sus huestes antes de la batalla.
Algunos como Winston Churchill, que pronunció la célebre frase que da título a este artículo y que a su vez tomó del gran Garibaldi, ganó su fama de estadista por su
actitud frente a los grandes momentos con que la historia le desafió. Me vienen a la cabeza un par
de decenas de nombres que como, hizo él, se afanaron en no decepcionar a su pueblo. Eso es lo que
se espera de un líder,
grandeza y altura de miras. No se afronta el combate con mensajes pesimistas,
al contrario. La actitud de quien guía es importante para sus huestes y la arenga debe ser
animosa, reconfortante. Que la cosa está mal ya lo sabemos ¿o es que se cree que no sufrimos todos los días la angustia de la situación? De eso, de sufrimiento, los
motoristas sabemos mucho. No sólo hemos soportado, y soportamos, impuestos exagerados y
peajes abusivos con estoicismo, también nos asolan frecuentes desprecios adivinados en miradas más o menos furtivas y hasta nos
hemos convertido en moneda devaluada que paga con su seguridad - a veces con la
misma vida- la insensatez de los asesinos silenciosos que jalonan nuestras
carreteras. Sabemos que nuestra pasión está sembrada de riesgos en los que ni siquiera pensamos, pero
conocemos bien que de una curva mal trazada no te saca el pánico o que no se debe tocar el
freno de manera brusca en una carretera con gravilla. En ambos casos el salir
indemne depende en gran medida de nuestra capacidad de mantener la sangre fría y la cabeza alerta para
emitir los necesarios mensajes a aquellas partes del cuerpo que deben actuar.
Mirar hacia delante con convicción y determinación, sin titubeos. Luchar a golpe de acelerador hasta la
siguiente escaramuza con el asfalto. Igual que en la vida, luchar. Con la
mirada limpia, con el corazón henchido, con las ganas de vencer, que es lo que toca. No
es hora de inmolarse en la pira del conformismo cuando el enemigo amenaza
nuestra casa. No
hay más remedio,
así que,
Don Mariano, cómprese
una moto, acelere y ¡tire hacia adelante! Quizá así se convenza de cambiar su
discurso actual por el de un líder positivo que comparta un alegato de esperanza y combate
que haga menos duro nuestro pesar e insufle de aliento nuestra voluntad. Así lo espero, por el bien de
todos.
miércoles, 17 de marzo de 2010
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