lunes, 3 de noviembre de 2014

Luis Miguel “Luismi” Cabeza. El hombre que susurra a los Shovelhead.



Se me antoja que hay pocos sitios mejores en Madrid para hablar con alguien de la vieja escuela (old school para los puristas) que un lugar tan mítico como Alfredo’s, el restaurante de la que pasa por ser la mejor hamburguesa de la ciudad, con varias décadas de historia en la memoria y el presente de generaciones de madrileños. No hay duda de que el sitio acompaña a un hombre con sempiterno aspecto de rocker que no hace gala de nada porque desea tan poco reivindicarse como vestirse de oropeles nacidos de la inconsistencia recalcitrante de aduladores fariseos. Bien podía haber salido de un vinilo de Robert Gordon o Graham Fenton, sin embargo es de las revistas Cromo y Fuego, Freeway, Easy Rider (la edición americana) o Automecánica de quien se manifiesta seguidor. No hay duda de que me encuentro en compañía de un mecánico de raza, buen conocedor del aroma que compone la mezcla de aceite y grasa.
Luismi y yo llevamos un buen rato juntos – bien acompañados por Sara y JuanDa- y nos hemos trasladado hasta aquí desde el bar donde habíamos quedado para evitar camaraderías incómodas. Una pena porque en su terraza se disfrutaba del sol pre otoñal, tan agradable como deseado, aunque hay que decir que tampoco hemos salido mal con el cambio. El chili con carne llega a la mesa y me lanzo a probarlo más de una vez a pesar de que soy consciente de que me va a sentar como una patada en el estómago. El picante me destrozará, lo sé, pero es lo que tiene el momento en el que hay que tomar una decisión rápida: sea la que sea inevitablemente tendrá consecuencias. Algo así le ocurrió a Luismi hace muchos años cuando tuvo que escoger entre ir a estudiar
mecánica a Alemania o convertirse en soldado profesional y hacer carrera en el ejército. Esa elección, fruto de un momento especial mezclado con algo de rabia, ha marcado, sin duda, la vida de un hombre que desde adolescente demostró un talento innato para la mecánica, lo que le llevó a ser el encargado de arreglar las motos que había en la pandilla. Hoy me confiesa que si volviese a tener la oportunidad de decidir hubiese emprendido el camino del ejército. Ante mi extrañeza inicial me mira y desde lo más profundo de su mirada puntualiza: “Tal y como están las cosas no merece la pena dedicarse a esto”. Esto, lo de la mecánica, supone casi una heroicidad en un país pacato e ignorante del esfuerzo que significa mantener una moto en perfectas condiciones o, lo que es más importante, hacer motos que tienen 40 o 50 años y que sigan funcionando a la perfección sin nada que envidiar a las modernas. Aquí interesa más la moda que el estilo, el dinero que el talento, algo que supone una constante con la que me encuentro en muchas de las facetas de mi actividad profesional y que veo reflejada en casi todos los sectores a los que me asomo. A todo ello hay que sumar el desbarajuste creado por un reglamento absurdo e interesado que prácticamente imposibilita a cualquiera el tener una moto a su gusto y que ha traído, si no la ruina, sí la pobreza a muchos talleres del custom. Da pena ver que gente que se ha dejado las uñas durante años lo esté pasando tan mal como para replantearse su situación. Por fortuna, La Cabeza Motorcycles es un taller reputado con una buena cartera de clientes, tiene trabajo y somos muchos los que sentiríamos si un día llegase su desaparición pero es innegable que los tiempos han ido hacia atrás obligando a los talleres a buscar un sitio donde establecerse en el grave desconcierto actual. A La Cabeza Motorcycles, o lo que es lo mismo, a Luismi, le cabe el honor de ser constantemente buscado por quienes necesitan un especialista en el motor Shovelhead, tan codiciado por los amantes expertos de las Harley- Davidson, y de haber construido algunas de las motos más bonitas que circulan orgullosas por las carreteras levantando exclamaciones de asombro, como es el caso de Shovelvia, la envidia de concentraciones y los lugares por donde aparece. Una preciosidad construida mimando los detalles, poniendo el corazón en cada paso y volcando el mismo amor que siente hacia su propietaria, Sara, mujer de raza y culpable en gran medida de que esa media sonrisa que adorna el rostro del mecánico permanezca perenne.

Haberse especializado en la mecánica de una de las joyas creadas por la MOCO es indicativo de su forma de ser y de conducirse por la vida y por su profesión. Hablamos de un hombre entusiasta por aprender – “Cuando compré mi primer Shovel lo primero que hice fue desarmarlo para poder conocerlo a fondo. Quería saber como funcionaba y así me enamoré de él”-, cautivado por lo que hace, que se apasiona ante los retos difíciles y cabila en silencio mientras su interlocutor espera inútilmente un veredicto. Luismi piensa a la misma velocidad que calla, algo poco habitual en un mundo de charlatanes y gurús. Extraña que un hombre tan pausado haya sido entrenado en el exigente cuerpo de los boinas verdes, los populares COES. Se podía pensar que sigue a rajatabla uno de los lemas de los guerrilleros: sé parco en palabras, que los hechos hablen por ti. Pero puede que sencillamente se deba a que nació con el temple de un resistente. No he conocido a nadie que me haya hablado mal de él y eso suele ser signo inequívoco de que el hombre supera al personaje. Luismi no va de nada que no sea él mismo, despreocupado de cualquier consideración ajena. Se le quiere o se le respeta. O ambas cosas, que suele ser lo común. Muchos de nosotros celebramos que un día decidiese cambiar la pistola por la llave inglesa, el subfusil por el torno y el cuchillo por el destornillador. El ejército perdió a un buen soldado pero los harlystas ganamos un excelente mecánico. Y los motoristas, un gran compañero. 

domingo, 5 de octubre de 2014

España pide respeto.

Hemos llegado a un punto de no retorno, un punto peligroso por lo que supone de creación de hechos. Hemos llegado -era inevitable-al momento en el que se desmiente la máxima de que hablando se entiende la gente. El nacionalismo catalán no está dispuesto a hablar, a negociar, nada que no sea aceptar lo que imponen. Ya todo vale cuando se trata de despreciar la ley. No nos engañemos, el debate no es el supuesto derecho a decidir, esto es sólo una falacia esgrimida como argumento sectario, sino la independencia a cualquier precio, pasando incluso por el desprecio a una hipotética mayoría contraria. Cuando los gobernares y los representantes de partidos políticos con ingresos que provienen de las arcas comunes se niegan a acatar la ley hay poco que discutir. Y en esto, la tibieza del gobierno de la nación tampoco está ayudando.
Cualquier ciudadano está obligado a cumplir las leyes como normas que rigen la convivencia entre tanta diversidad de credos y mucho más si se dedican a la política con cargos y subvenciones. Menos los nacionalistas catalanes, por lo que se ve. A ellos sólo les vale su libro, empeñados como están en dinamitar las instituciones y al país con prácticas de terrorismo político. Yo siento vergüenza del espectáculo que están dando unos y otros. Unos por su sinrazón sistemática, los otros por la flaqueza de su actitud.
Este problema nos está dividiendo tanto que incluso se han escuchado comentarios que previenen sobre una posible situación violenta a medio plazo. Me da terror pensarlo. Las leyes no son inamovibles, pueden y deben cambiarse en beneficio del pueblo y la convivencia, pero nunca con chantajes. Y hay tantas disposiciones injustas que mover que, la verdad, la de decidir sobre los territorios me parece secundaria. Mejor arreglar los desperfectos de la casa antes de ampliar la cocina, creo yo.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Víctor Romero. Un hombre tranquilo.

Acudo puntual a nuestra cita y compruebo con sorpresa que Víctor Romero, gerente y socio de Makinostra, ya se encuentra sentado a la mesa con una cerveza. Se levanta y me saluda con la misma cordialidad que ha tenido conmigo desde que nos conocemos, hace ya tantos años que no merece la pena recordarlos. Es la primera vez que llega antes que yo a una cita y eso me descoloca un poco, así que me toca recomponerme sin que se note.
La cuestión que se me presenta ante esta charla es saber si detrás de esos ojos claros y la sonrisa cautivadora se esconde un lobo o un cordero. Tantos años tratando con él me imponen la obligación de desprenderme del aprecio que le profeso y situarme en una posición de objetividad desde donde intentar tratar el perfil del personaje, más allá de cualquier consideración subjetiva. Decido que la premisa de partida bien pudiese ser que su imagen de cordero no es más que una ilusión bajo la que se esconde un lobo que sólo ataca si se siente amenazado… o tiene hambre. Al fin y al cabo me encuentro frente a frente con un hombre tremendamente respetado y querido por la MOCO, por más que intente negarlo, cuya opinión tiene un gran peso en decisiones de la compañía. No en vano dirige con mano firme y certero criterio el que pasa por ser uno de los mayores concesionarios oficiales Harley-Davidson en nuestro país, y por ende uno de los más importantes de Europa.
Motorista antiguo y entusiasta. Empresario y entusiasta. Ameno conversador y entusiasta. Pocas veces se tiene la oportunidad de compartir mesa, mantel y charla con alguien que disfruta al máximo de lo que hace sin adjudicarse las ínfulas que distingue a los mediocres del éxito. Es verdad que ambos sabemos lo suficiente del otro como para que el aprecio que sentimos haga más sencilla la comunicación, aunque detecto cierta actitud defensiva al principio que se va relajando a medida que queda claro que no se trata de una entrevista. Tan sólo, le aclaro, quiero descubrir al Romero que hay tras Víctor. O quizá al Víctor que antecede al Romero.
No es fácil sustraerse al encanto del vendedor, del publicitario que ha sido, del lobo que vigila con la serenidad de saber que domina el terreno. Motorista de kilómetros incontables y vividor de experiencias múltiples, se declara entusiasta de la marca de Milwaukee. “Yo, cuando veo a Willy G. me emociono”, reconoce sin ambages. No se trata de un mitómano recalcitrante, sino de un hombre que sabe valorar el esfuerzo, la implicación y la genialidad de otro que ha sido protagonista de un hecho importante. Esa frase resume, a mi entender, la pasión que descubrió gracias a un grupo de amigos harlystas que un día se empeñaron en que probase una de aquellas grandes y robustas motocicletas y le introdujeron un veneno para el que casi nunca existe cura. Fue en aquel momento cuando comenzó a fraguarse en su cabeza la vinculación empresarial –y posteriormente también laboral- con la marca del bar and shield. Era tan fácil como darle un pastel a un niño que lleva un buen rato salivando frente al escaparate. La vida transcurre entre un puñado de sorpresas que a veces consiguen desviar el rumbo trazado, pero no creo que sea el caso que nos ocupa. Al menos me gusta imaginar que el lobo vigilante supo olfatear a la presa adecuada e invirtió sus días en preparar el terreno hasta que se dieron las circunstancias oportunas para lanzar el ataque. He ahí una nueva teoría para un debate posterior, aunque me temo que esa verdad quedará guardada en la caja de los secretos hasta que llegue el momento, si es que llega, de que brote en la memoria.
Harley-Davidson es una de las Love Marks más apreciadas del mundo, y eso ya es decir mucho. Para alguien como Víctor, acostumbrado a manejar marcas de prestigio, debe ser muy gratificante representar y gestionar a la MOCO nada menos que en la capital del reino. “El problema es que cuando trabajas en lo que te apasiona vas perdiendo esa misma pasión”, confiesa. Supongo que hay algo de verdad en sus palabras pero el brillo de su mirada me hace comprender que todavía queda mucha pasión por agotar, puede que demasiada para echarla en falta por el momento. Esto último adivino que supone un plus para él, aún cuando todavía no sea del todo consciente de ello.
No es la pasión lo que puede convertirle en un manso, en un converso sumiso. Nada más alejado de la realidad. A cada temas espinoso, como el tan traído tema del 1HD y la responsabilidad de la marca en la confusión creada, responde lanzando dentelladas en forma de opiniones sobre como debería mejorar la compañía, pero lo hace con elegancia, sin descuidar el territorio donde se asienta su prestigio. Como buen conocedor de la realidad cree firmemente que la crítica es la única opción posible que tiene la MOCO para seguir siendo objeto de culto y admiración en todo el mundo. Su fuerza, él lo sabe, reside en la convicción de sus palabras mezclada con una sonrisa suave que convierte en amable la más feroz de las sentencias. Nada en su boca suena duro, nada en sus gestos resulta amenazador. Interpelado sobre el Proyecto Rushmore, a través del cual la compañía dio voz –y casi podría decirse que voto- a miles de usuarios en todo el mundo, se toma unos breves segundos de respiro para encontrar las palabras adecuadas, aquellas que buscan transmitir la verdad sin molestar a nadie. Se le nota orgulloso al explicarlo, buen conocedor de lo que ha sido un proyecto serio, interesante y exitoso, cuyo resultado ha dado lugar a importantes evoluciones en las motocicletas de Milwaukee, no siempre bien acogidas por los más puristas pero imprescindibles para adaptarse al futuro, al igual que en el pasado tuvo que tomar decisiones impopulares para poder llegar hasta donde está hoy. Víctor lo siente como propio y lo entiende como el camino de una ruta que busca tener un horizonte limpio por delante.

“Para mí Harley-Davidson es como El Quijote. Siempre te divierte cuando lo lees y siempre descubres algo nuevo”. En este momento mis esquemas saltaron por los aires. Estaba preparado para escuchar alguna referencia al realismo trágico, puede que algo de Carpentier, o acaso a la generación perdida, con referencia a Dos Passos o Faulkner, pero fue la obra maestra de la literatura en castellano la elegida para describir un paralelismo en el que no hay medias tintas. A menudo hereje de mi propia cultura, no es la novela de Cervantes una de las que yo recomendaría, lo que me hace merecedor de múltiples acusaciones que asumo, pero sin embargo, soy consciente de que el significado de su frase va más allá de lo evidente. Es cuestión de raza y de señorío. Se trata del derecho que tiene a asumir las características de la MOCO y trasladarlas al espíritu local. ¿Será el tan traído mantra publicitario  think global, act local? Sea como sea, suyo es el derecho a expresarlo como quiera. Se lo ha ganado de sobra. Como también el cariño y el respeto de quienes le conocemos. Y esto también lo sabe.

lunes, 30 de junio de 2014

Primera Guerra Mundial: el día en que empezó todo.

Guillermo Rodríguez hace un buen planteamiento en el Huffington Post:
http://www.huffingtonpost.es/2014/06/28/primera-guerra-mundial-cronologia_n_5533588.html?utm_hp_ref=mostpopular

Y el enlace a un vídeo sobre la tragedia mundial:
http://www.youtube.com/watch?list=PLmXbtaEFDB2NnaltqY2JJFbL8rrKC0Jxk&v=AMbomBoVUEg#t=88

sábado, 28 de junio de 2014

Yo soy español… español… español...

Soy de un país en el que alrededor de 13 millones de personas viven en el umbral de la pobreza y aún así se penaliza con impuestos las indemnizaciones por despido.
Soy de  un país donde los jueces retan a los fiscales a que los denuncien, donde presente se dirime en forma de pasado y el futuro se escribe con siglas éticamente confusas, tales como SICAV. Un país en el que el precio de la vivienda cae entre un 40% y un 60% pero los impuestos sobre ella aumentan un 9%. Soy de un país en el que la justicia ha perdido el sentido de la igualdad y cada día asistimos a nuevos privilegios de los políticos que deberían servir al pueblo, no servirse de él.
Soy de un país que glorifica a Casillas, Xavi o Iniesta con la misma intensidad con la que desoye a Machado, a Quevedo o a Garcilaso; un país donde el respeto de los derechos humanos ha sido puesto en entredicho, un país en el que los ciudadanos han visto recortados sus derechos y libertades por decreto.
Soy de un país campeón en corrupción en el que el estado roba en forma de impuestos lo que no otorga como servicios.
Soy, por si quedaba alguna duda, español.

miércoles, 18 de junio de 2014

Jinetes de caucho.

La fotógrafa Marina Rodríguez me eligió como uno de los modelos para retratar el alma de un motorista. El resultado es el esperado por ella: carácter, dureza y sobriedad. Como ejemplo pongo una de las fotos que más me gustan.

jueves, 20 de febrero de 2014

El cartel de la autopista del norte, Km 32

Esta iniciativa me atrapó desde que la conocí. Acababa de crear un grupo que se llamó "El Poder de las Palabras"en Facebook con el objetivo de conseguir que las personas tuviesen un momento de felicidad, de comprensión y apoyo cada día. Entonces, por pura casualidad, vi que en Tenerife había una persona que estaba haciendo algo similar, sólo que mejor. Él lo había materializado en la vida real y conseguía que miles de personas sonriesen o meditasen diariamente. No le conozco, ni él quiere ser conocido, lo que a mi juicio le da mucho más valor a su idea, pero admiro su generosidad, su tesón y entrega.

Yo estoy orgulloso de lo que conseguí con "El Poder de las Palabras". Creo que fue una buena iniciativa que unió a personas que no se conocían y desarrollaron una amistad que aún perdura. Superamos los dos mil miembros, se crearon grupos, parejas, y todos pudimos disfrutar de unos momentos de felicidad que hacían menos pesada la carga de la vida. Hoy, en la distancia, sonrío cuando recuerdo aquellos momentos en los que esperaba ver lo que los demás habían puesto en el muro... Pero me faltó una cosa: el anonimato. De haber sido así, quizá no se hubiese despertado la inquina de quien con falsas denuncias consiguió que Facebook cerrase el grupo. Él, Anoniman, ha conseguido mantener su ejemplo durante más años y llegar cada vez a más gente, sin ser descubierto. Sin alardear de su éxito. Esto me parece admirable y me hace creer en el ser humano.
A continuación copio el texto íntegro que Anoniman ha puesto en FB por si alguien quiere tener en casa lo que por desgracia no hemos podido disfrutar en vivo. Soñar no es siempre fácil, pero compensa.

Llegó el momento. Máquinas en la imprenta a punto. Todo preparado. Abrimos la web para que puedan pedir el libro! Este es el enlace: http://anoniman.es/?product=anoniman . Mejor no utilizar el explorador Internet Explorer, da algún fallo, usar cualquier otro.
En principio se podrá comprar solo en Internet. Editaremos tantos ejemplares como pidan y se los mandaremos a casa.
No dejen de ver el corto que estrena Acoidán Mendez colaborando con el lanzamiento del libro. http://youtu.be/wESIZ9TFhys
Y también quiero dar unos millones de gracias a todos los que con su aliento están ayudando a materializar esta idea. Compartir es el lujo.
Toda la información sobre el libro la encontraran en anoniman.es
EL PROYECTO ANONIMAN “No hay un manual, escribe el tuyo”