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martes, 26 de julio de 2016

El ejemplo de un verdadero líder.

Corren tiempos de incertidumbre donde los líderes políticos demuestran que son humanos, demasiado, incluso. Con cada paso, con cada actuación, sacan a la luz sus mezquindades disfrazadas con una falsa pátina de determinación ideológica. A todos ellos les recomiendo menos Juego de Tronos, menos leer El Príncipe o El Arte de la Guerra y más aplicarse a la lectura de El Factor Humano, de John Carlin. Un libro que narra la historia de un hombre especial, Nelson Mandela, que supo aunar voluntades y ganarse el respeto y la confianza de todos los grupos políticos y raciales, evitando una sangrienta guerra civil y cambiando con ello el curso de la historia. Aprendamos de él, de su capacidad para lograr fundir en un abrazo a negros y blancos, a comunistas y ultraderechistas, en un ejemplo inspirador para el mundo entero. Aprendamos, aún no es tarde.
@Pablo_Iglesias_  @marianorajoy  @sanchezcastejon @Albert_Rivera os recomiendo leer EL FACTOR HUMANO antes de emprender las negociaciones.

jueves, 9 de abril de 2015

Cuando la verdad no está al lado de la Ley (artículo para mundiario.com)

 
Ha vuelto a ocurrir la tragedia. Nada nuevo en Estados Unidos, el país que presume de ser la democracia perfecta. Un policía blanco ha disparado varias veces por la espalda contra un hombre negro que huía de él en North Charleston (Carolina del Sur). Un asesinato en toda regla. Aquí no cabe, creo, la presunción de inocencia porque alguien grabó lo ocurrido, obteniendo con ello una prueba irrefutable que echaba por tierra la declaración del asesino que alegó haber disparado porque la víctima intentó arrebatarle el arma. Más allá de la deleznable actuación del agente de policía, la cuestión es que seguramente se habría salido con la suya de no haber mediado una prueba tan contundente. La grabación no deja lugar a dudas sobre lo ocurrido; la grabación es clave a la hora de conocer la verdad. Gracias a Dios o a la divina providencia esto no ha ocurrido en España. De ser así la persona que inmortalizó la verdad podía haber sido acusada de violar la nueva ley con la que el gobierno del PP quiere amordazar a la ciudadanía prohibiendo la posibilidad de conocer la verdad.
Las nuevas tecnologías han traído consigo la posibilidad de que una persona se convierta en testigo y prueba de lo que ocurre en nuestras vidas. Ha democratizado la información. Gracias a imágenes anónimas - y a las redes sociales- hemos podido ver cosas que los medios de comunicación no tenían la posibilidad de obtener. Cada individuo puede recoger en su móvil/cámara una instantánea, un vídeo que refleje fielmente lo que ocurre a cada momento y difundirlo a una velocidad inusitada por todo el mundo. En el caso del que hablamos es, cuanto menos, de agradecer.
En los últimos años hemos podido ver, tanto en internet como en distintas cadenas de televisión, como Antena 3 o La Sexta, imágenes de abuso de autoridad y violencia por parte de algunos cuerpos policiales que nos han llenado de vergüenza y asco. Pongo como ejemplo el puñetazo que un policía propina a una menor en Madrid o el excelente reportaje donde Jordi Évole deja en evidencia al mismísimo jefe de policía de Barcelona al enseñarle vídeos que desmienten rotundamente sus afirmaciones. Hemos asistido, igualmente, a las declaraciones de políticos que mentían al asegurar que policías acusados de violencia con saña, con pruebas definitivas de su actuación, habían actuado correctamente. Hay ya demasiados casos de mentiras probadas, de incorrecciones de método, de procedimientos dudosos e incluso de torturas en centros de detención como para plantearse un debate público sobre la incongruencia de mantener la presunción de veracidad de los agentes. Ya no son hechos aislados, hay demasiados testimonios en su contra como para pensar que, al contrario, son algo corriente que damos como algo corriente frente a lo que no podemos hacer nada. No conozco a nadie que no haya experimentado alguna vez en su vida un caso de injusticia donde la policía ha faltado a la verdad, aunque fuese por una simple infracción de tráfico. La presunción de veracidad  trae consigo que los ciudadanos nos convirtamos en seres de segunda frente a los agentes policiales. Elimina el precepto jurídico de que todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre su culpabilidad. Rompe con la igualdad y es total y profundamente injusto. Nadie es más que nadie en democracia.
Los cuerpos de seguridad del estado deberían ser respetados, queridos y apoyados, siendo estos términos iguales en importancia. La policía está para servir al ciudadano, para protegerle y garantizar su tranquilidad, no para amedrentarlo. Esto sólo será posible si no existe tacha en sus actuaciones y esto no pasa por las medidas que el gobierno ha puesto en marcha para evitar las pruebas incriminatorias. Amenazar con grandes multas e incluso penas de cárcel para quien grabe a un policía actuando no sólo no va a servir de nada, sino que no devolverá el aprecio de la población a la policía. No se pueden poner puertas al campo. Únicamente se conseguirá si los policías recuerdan cual es su misión y respetan los valores que han jurado defender. Si la verdad vuelve a estar al lado de la ley.

* (Imagen extraída del vídeo donde el agente Michael T. Slager dispara 8 veces. / The New York Times)

lunes, 30 de marzo de 2015

El Plan CORA o como el Gobierno de la nación desprecia la marca España (artículo para mundiario.com)


Hay cosas realmente difíciles de comprender, cosas que suponen un desafío al sentido común y contribuyen a llenar de vergüenza la conciencia colectiva de un país. El plan para la centralización de la compra de espacios en medios de comunicación y demás soportes publicitarios, llevado a cabo por la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA), es una de ellas. Este plan, inicialmente ideado para optimizar los recursos comunes en bien de todos, se ha convertido desde el principio en un fiasco al convertir a las empresas participantes en chamarileros de segundo orden donde sólo importaba el coste, despreciando cualquier otro aspecto cualitativo.
Desde el concurso principal, en el que se valoraba la estrategia, es decir, el más importante aspecto cualitativo, con un paupérrimo 20%, era un claro indicador de que el Gobierno no tenía intención alguna de tener en cuenta la calidad de las ofertas, tan sólo les preocupaba el precio. Así, despreciaron las 5 propuestas mejor valoradas por estrategia y curiosamente se quedaron con las 5 peor calificadas en ese aspecto pero que presentaron unas ofertas tan increíblemente bajas que hasta la asociación Agencias de España (AdE), entidad que agrupa a muchas de las agencias de publicidad y centrales de medios de capital netamente español, protestó avisando reiteradamente del tremendo error que iban a cometer.
Fiel a su costumbre de decir de puertas a fuera una cosa y actuar del modo contrario dentro de casa, el Gobierno hizo oídos sordos a los lamentos de los profesionales de la comunicación y se empeñó en seguir por la senda del pragmatismo económico.
Hoy, su error está dando lugar a situaciones tan esperpénticas. como que, para solucionar este gran sinsentido que ellos mismos han creado, obligan ahora a incluir una estrategia de medios en los concursos creativos a las mismas empresas a las que les negaron ese valor con anterioridad. Esto es, 'chantajean' a las empresas concursantes para que realicen gratis el trabajo que no quisieron valorar.
En este punto conviene preguntarse, ¿es esto lo que entiende el Gobierno como marca España? ¿Este es el modo en el que pretenden dar valor a las iniciativas empresariales de nuestro país?
Se les llena la boca de declaraciones grandilocuentes hablando de la capacidad y el intelecto de las empresas españolas para luego ignorar con alevosía estas mismas capacidades. Así nos va y así pinta el futuro, la menos a corto plazo.
Este Gobierno, que ha demostrado ser vivo ejemplo del carácter de Sancho Panza, es maestro de la falacia y la hipocresía; del mentecatismo recalcitrante y la desidia. Es un momento aciago para la marca España.