miércoles, 17 de agosto de 2011

Willcommen, Bienvenue, welcome...



Estos días las calles de Madrid, tradicionalmente vacías en estas fechas a las horas de más calor, son un hervidero de colores y lenguajes varios, diferentes, extraños y, sin embargo, tan lejanos para nosotros como cercanos para el millón de peregrinos que se dice que se han dado cita en nuestra ciudad. Hoy he salido a comer tarde, cuando el sol te desafía cara a cara, y he podido ver miles de rostros sonrientes a los que el agobiante calor parecía añadirles fuerza y tesón. Las banderas de cada país acompañan a los grupos, mostrando a los madrileños de donde proceden. He podido ver chilenos, paraguayos, sudafricanos, australianos, canadienses, checos, alemanes, portugueses, mexicanos... Todos distintos y todos hermanados por las mismas ganas, por el mismo empuje y por una mueca casi desterrada de esta ciudad, la sonrisa. Y he sentido envidia, mucha envidia de su ilusión, de sus ganas, de sus convicciones. Han venido a nuestra calle en pos de algo que les llena el alma y soportan con valentía incomodidades y rigor climático. Su Fe es más fuerte que cualquier cosa; su ilusión les resguarda de los inconvenientes. Hoy sólo veo sonrisas a mi alrededor de gente que no conozco pero cuando sorprenden mi mirada me demuestran su ánimo amistoso con esa mueca tan rara de ver. Lo dicho, siento envidia.

martes, 16 de agosto de 2011

El Poder de las Palabras


Nació sin ninguna intención oculta, tan sólo como un medio de optimismo en un momento que comenzaba a ser difícil. Después de casi dos años Facebook ha decidido cerrarlo sin dar motivos, dejando en el olvido las aportaciones de decenas de personas que quisieron acompañarme en la aventura de la alegría y la esperanza. Hoy se pueden encontrar otros grupos que se llaman así en la red, pero ninguno es el genuino. Por mi parte, tras haber enviado varios mensajes a Facebook y tener la callada por respuesta, doy por abandonada la lucha. Eso sí, cabreado por su despotismo. La red es suya, cierto, pero el contenido es nuestro y arrebatárnoslo sin más es indigno. Gracias a todos los que apoyasteis el grupo.

sábado, 13 de agosto de 2011

Desde la tumbona

Atardecer en Roche. La luna espera apenas media hora a que el sol decida su retiro. Tumbado, la actitud aparenta tranquilidad absoluta y así es, aúnque la cabeza bulle con el ritmo constante de una olas que alejan cada pensamiento hacia el lugar donde las historias no terminan jamás.

lunes, 1 de agosto de 2011

Próxima estación ¿Esperanza? (ChopperOn, agosto 2011)

Escribo este articulo desde una amplia terraza frente al mar almeriense, en un día tranquilo y soleado, con una suave brisa acariciando mi rostro. Desde aquí -y ahora- las cosas se ven de otro modo, la realidad parece lejana, los problemas no resultan tan importantes, y sin embargo lo son. Este paréntesis de la vida me sirve para reflexionar sobre todo lo que dejé aparcado en la ciudad esperando mi regreso pero es curioso como el sonido de las olas bloquea la mente de pensamientos negativos.
Estar aquí es un lujo mientras Madrid recibe hoy las distintas marchas de indignados, algunos llevan caminando más de un mes, que desde todos los puntos de España se dirigen a la capital para recordarles -y recordarnos- que la lucha continúa, que las ansias de justicia y democracia no se han apagado entre los vapores del verano. Debería sentirme avergonzado por disfrutar del murmullo de las olas mientras tantos miles de personas soportan la asfixia de su indignación bajo un sol implacable, pero aunque resulte poco correcto confesarlo, no lo estoy. Este breve paréntesis me está sirviendo para despejar la mente de miedos y prejuicios. Si miras hacia el mar y enfocas la vista hacia el horizonte ante tus ojos aparece una línea imaginaria sobre la cual ir depositando tus problemas, como una raya continua que no te permite cambiar de carril. Una vez los tienes delante es fácil darse cuenta de que jamás llegarán hasta la recta final, sencillamente porque no la hay. Entonces vuelves a echar un vistazo y ves que algunos ya no parecen tan importantes, se diluyen en el recuerdo sin merecer la consideración anterior. El mar es bálsamo de estos y otros quebraderos de cabeza, igual que un oasis al que se llega antes de desfallecer completamente, reconfortando nuestra esperanza, nuestra vida, y haciendo que el embotamiento y la pesadumbre se transformen en claridad y energía. Los problemas permanecen, sí, pero de otro modo, en una dimensión distinta vulnerables ya a una solución. Observo como los míos se transforman en línea discontinua, permitiéndome adelantar y superar así dificultades que hace pocas horas se me hacían imposibles.
Por fin comprendo que la solución no consiste en guardarlos en lo más hondo de las alforjas, si no en sacarlos y enfrentarlos para que no me acompañen en el viaje que deseo hacer a través de la existencia. Hay que luchar cada día contra la desesperanza, contra la tempestad y el desasosiego porque nada es peor que permanecer prisionero de la vida esperando una misericordia que nunca va a llegar. “Soy el alma de mi destino, soy el capitán de mi alma”, escribió W.E. Henley . Mi vida la conduzco yo, aunque a veces la moto derrape y acabe con mis huesos doloridos. Levantarse, pedir perdón a la montura por la falta de habilidad, arrancar de nuevo y seguir y seguir y seguir. Siempre apuntando hacia delante. Esta noche con rock’n’roll del bueno a cargo de Vaca Grasienta Blues Band en el Jo Bar. ¿Se puede pedir una mejor banda sonora para mis propósitos de enmienda? No lo creo. Esta noche habrá una copa en mi mano para brindar en silencio por todos los que luchan en la oscuridad de los demás. Una sola, que mañana hay que regresar a la batalla pendiente camino de la próxima estación: Esperanza.

sábado, 9 de julio de 2011

CINCUENTA AÑOS SIN EL GRAN VIVIDOR


Este año se cumplen 50 años de la desaparición de Ernest Hemingway, el hombre por el cual siempre quise ser escritor, aunque no he conseguido pasar de humilde redactor; el escritor al que admiré como vividor; el vividor que se convirtió a través de sus artículos en crítico de la realidad de su tiempo; el crítico que, entre vino y mojitos, me hizo pasar frío y miedo en la sierra, angustia en el mar y sofoco en la arena. Hace medio siglo, y yo no había nacido, que falta uno de los grandes literatos de la narrativa mundial del siglo pasado y, sin embargo, sus letras aún retozan por las librerías invitándonos a jugar con ellas con la promesa de obtener, a cambio de nuestra atención, fascinantes historias más allá de lo imaginado.
Hace 50 años que falta un hombre con el cual tengo algunas semejanzas. Soy alto, con bastantes kilos de más, me gusta aceptar el reto del folio en blanco, veo la realidad de manera pesimista y mi voz asusta a los niños más pequeños. Sin embargo, las diferencias son mucho más acentuables. No dispongo de su enorme talento y capacidad literaria para expresar los momentos cumbres de la vida, no tengo su vitalidad y energía para vivir o beber la vida hasta el último trago, ni su valentía para desafiar al miedo y vencerlo, ni su espíritu de aventura para trasladarme a lugares donde el conflicto permanente forma parte del aire que se respira.
A veces, cuando miro el mar en soledad me pregunto: ¿cómo describirías el inmenso azul frente a mis ojos, viejo canalla? Es entonces cuando me refugio en la piel del viejo y rememoro una de las más bellas y tristes historias que se han escrito jamás.
Va por ti, Ernest, porque sin haberte conocido estás a mi lado cada día.

lunes, 4 de julio de 2011

¿CERDOS O CERDAS? (ChopperOn, julio 2011)

No se me asusten tan pronto. La reflexión que da lugar al título de este artículo viene a cuento de un episodio que me ocurrió hace unos años. Con motivo de una concentración Harley- Davidson en León realicé una camiseta con la leyenda “Saca tu cerdo a pasear”, en clara referencia a nuestras monturas. Para el que no lo sepa son popularmente conocidas como las “cerdas de Milwaukee”. Y eso mismo es lo que me reprochó uno de los asistentes, que en la camiseta no pusiese cerda en lugar de cerdo. Por aquel entonces yo estaba casado y mi mujer montaba en el asiento trasero, por lo que excuso decirles lo que podría haber pasado si la leyenda hubiese sido “Saca tu cerda a pasear”. Yo adolecí entonces de la necesaria testiculina para hacerlo y dudo de que la mayoría de los asistentes hubiese sido capaz. Ahora, con la perspectiva de los años y el progresivo aumento de féminas que se niegan a ser comparsas y exigen conducir su propia moto quizá la cosa hubiese sido diferente, no lo sé a ciencia cierta. Lo que sí es seguro es que la mujer se ha hecho un hueco importante en un mundo en el que siempre se ha dicho que había más huevos que en la batalla de Brunete y yo lo celebro. Ya era hora de verlas como amazonas en lugar de cómo damas de compañía (sin que esto signifique menosprecio en modo alguno) o de ver a un grupo de 10 mujeres a lomos de sus propias máquinas sin ningún hombre en el grupo, como me ocurrió hace tres semanas en la sierra de Madrid. Conozco a muchas mujeres que conducen con soltura y eficiencia y a otras que están aprendiendo a hacerlo. He rodado muchos kilómetros con casi todas, por no decir con todas. Me acuerdo especialmente de Alexia, que sin tener ni idea de moto se compró una Kawasaki custom y se chupó un viaje de vuelta de Llunatica con el remero mayor de esta publicación y este redactor a ritmo alto, demostrando unos ovarios importantes, así como grandes maneras sobre el manillar. A todas ellas mi reconocimiento con la alegría de verlas por las carreteras.
No creo que éste sea un mundo de hombres, sino de motoristas, sin distinción de sexos, y la memoria saca a colación los nombres de grandes mujeres que rompieron las barreras de otras actividades, afortunadamente para la humanidad. A la hora de redactar estas líneas la primera mujer española que iba a debutar en el campeonato del mundo no pudo hacerlo en Assen por culpa de las caídas en los entrenos y el equipo ha decidido que no corra el próximo gran premio. Me parece una mala noticia para el deporte de las dos ruedas, la verdad, y me entristece que no haya contado con el suficiente apoyo como para demostrar si es capaz o no de competir a alto nivel en el mundial, sin tener en cuenta si usa braga o calzoncillo. Llegará un día en que las veamos arriba del podio y celebremos con fervor sus éxitos, entonces quizá nos animemos a tratarlas como lo que son, compañeras en la carretera. Igual que lo son aquellas que se suben al asiento trasero y confían su seguridad en nuestro buen hacer. “Times are changing” y eso, compañeros, es bueno, muy bueno. Lo realmente importante es que sigamos incordiando a Pere Navarro sin tener accidentes y que recuperemos el tradicional saludo cuando nos encontramos en la carretera. Los nuevos tiempos no tienen por qué despreciar las buenas maneras. Rock and Roll para todos.