miércoles, 2 de febrero de 2011

QUEMANDO LAS NAVES (Artículo escrito para el número de febrero 2011 de ChopperOn)

Vivimos tiempos difíciles, momentos que jamás imaginamos y de los que la única consciencia que tenemos se circunscribe a los libros de historia o a las novelas, por poner un ejemplo. Las cosas pintan feas para un país hipotecado por la absurda política infraestructural a la que nos ha conducido la ambición de los mediocres, la avaricia de un sistema ficticio y la inoperancia de quienes tienen que tomar las decisiones “salvatorias”. Se respira en la calle una tensión que a duras penas se puede contener. En cualquier charla de café, en los vagones de metro o en las cenas informales con los amigos el tema está presente cual espada de Damocles amenazando nuestras cabezas. Se intenta evitar, pero tarde o temprano termina saliendo. Quizá porque los españoles somos muy dados a la queja explosiva y poco proclives a desatar nuestra ira de forma violenta, a modo de legitima revuelta, cuando nuestros derechos son pisoteados de continuo. La tensión se palpa en todo, hasta en las opiniones sosegadas, hechas desde la simple, y no siempre acertada, opinión. Este clima de ira y desesperanza enfrenta a tirios y troyanos en una batalla no nueva, sino postergada por el estado del bienestar. Aquí se ve la verdadera naturaleza humana, de que pie cojea cada uno. Es en ocasiones extremas donde el pensamiento individual e íntimo deja de parapetarse tras la mascara del engaño. Nada ha cambiado desde el principio de los tiempos, el hombre siempre será hombre. Aparecen de golpe los bufones de la libertad, titiriteros de la democracia que enarbolan banderas de falsa hermandad tras las que esconden intenciones totalitarias que a menudo llegan a negar la evidencia de la mayoría. Estos parásitos de la podredumbre intelectual, travestidos de unos colores que hace ya mucho tiempo que perdieron su significado y hasta su propio nombre, salen del sombrío agujero en el que una vez olvidaron sus creencias para disparar contra el oponente - y hasta contra el pianista, si se pone a tiro- venablos emponzoñados de ignominia. Calumnia, que algo queda. Es sencillo mentir, lo vemos cada día y desde todos los ámbitos de la sociedad. La ignorancia es mucho más cómoda que la instrucción y es campo abonado para las consignas sectarias y los dogmas de fe. El mero hecho de opinar empieza a ser peligroso, muy peligroso, si no se quiere ser blanco de los bienpensantes defensores de la libertad (sic). Una libertad que ellos propugnan hasta dejar las gargantas irritadas, pero que no asumen más que si las opiniones de los demás coinciden con la suya propia. Si esto es así, estupendo, en caso contrario no queda más remedio que "convencer" a la mayoría del modo que sea y sin reparar en el precio. De esto sabía mucho Ho Chi Min y otros líderes del populismo. Nada como un campo de re- educación para enderezar espíritus díscolos. Lamentable… ¡pero tan real que asusta lo cerca que llegamos a estar del enfrentamiento físico!
Hay que leer, señores, y hacerlo con la mente abierta, objetando lo subjetivo y procurando comprender los puntos de vista del contrario. Si no, el diálogo es imposible como forma de entendimiento. Y los colores están muy bien… para quien quiera tenerlos, pero déjennos en paz a los que no tenemos uno. Y aún más, no queremos tenerlo. Hace tiempo, mucho tiempo, adopté uno. Mi color fue el azul mahón, oscuro, símbolo de los uniformes que lucían obreros y campesinos. Color que denota esfuerzo, sacrificio y la voluntad de no dar ni un paso atrás en la defensa de los ideales. Terminé por abandonarlo porque me faltaba lo mismo que ahora denuncio aquí: comprensión del punto de vista diferente. Decidí entonces que no existía un único color que cobijase mi pensamiento, por lo que opté por no tener ninguno. Así que agradecería que los histriones libertarios no me asignen el opuesto al suyo, ni siquiera con el que se adornan. Yo elijo el que me gusta, cuando quiero, y lo mezclo con otros a mi conveniencia.
Hay que leer, señores, eligiendo bien lo que se lee. Y, por supuesto, seguir fastidiando al señor Pere Navarro a base de no tener ningún accidente con nuestras motos. A la carretera pues.

Honor Vincit

1 comentario:

  1. Es complicado,porque no hay un único concepto de libertad...hay tantos como interpretaciones subjetivas se quieran dar...y acercarse o alejarse del espíritu inicial del mismo...
    Yo profeso un color...el azul...en todas sus gamas cromáticas...tan azules son los trajes de chaqueta...como los monos obreros...y ambos lados hay personas con ideales dignos de ser defendidos..y que trabajan un montón de horas sin descanso...por eso no entenderé nunca...el porqué del enfrentamiento constante...en vez de la unión en busca de un fin común...un mundo mejor..o por lo menos más humano...
    Completamente de acuerdo...en que hay que leer...pero leer...no mirar las letras y pasar página...
    aean cuanto al Sr. que mencionas...su diagnóstico sigue siendo el mismo..
    Ruth

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